Por:
Eli Manà
Todos
queremos ser felices y realizarnos plenamente, sin embargo, esta realización no
tiene que ver con la conquista de éxitos y logros externos; sino con la riqueza
interior de cada uno.
Pero
muchas veces la vida se vuelve tan superficial y vacía, condicionada por el
entorno en el que estamos, que vivimos atrapados en el dolor, en el conflicto
en luchas e inútiles intentos por “sobrevivir”. Una existencia llena de
alegrías pasajeras pero que carece de una verdadera felicidad.
Pero,
¿de dónde surge esta engañosa felicidad? Fuimos educados para tener y acumular ya
sea un nombre, un trabajo, una posición, un sistema de valores, una pareja, una
familia, hasta los hijos se convierten en una posesión. Y cundo algunas de
estas cosas se derrumban nosotros nos venimos abajo con ellas.
Esto
es señal de que muchas veces, nuestras creencias o posiciones se convierten en
un recurso para escapar del conflicto de la vida y por eso impiden una
verdadera comprensión de lo que sucede.
La
vida es un camino de profunda observación y descubrimiento, no siempre estamos dispuestos
a travesar ese espacio vital de incertidumbre, no siempre estamos dispuestos a
vivir en la “intemperie”, en la finitud de nuestros días sin caer en la cuenta
de que esa temporalidad es solo
pasajera, solo temporalidad.
Casi
todos tenemos muros de resistencias, armaduras oxidadas, que nos atrapan aventándonos
contra el devenir de la vida. Muros sobre los que hemos edificado tantos falsos
valores, ilusiones y paradigmas que nada tienen que ver con la bondad y el verdadero
amor, que nada tienen que ver con nuestro destino final: ser verdaderamenten felices.
Vivimos en una
inacabada búsqueda de la propia seguridad mental, emocional y espiritual;
vivimos escapando de nuestros temores escondidos y manifiestos.
Sin embargo, cuando no
queremos escapar del dolor, de la incertidumbre, del misterio, es cuando
comienza toda búsqueda genuina de la verdad: Cuando somos capaces de car la cara
a la vida que se hace presente, somos entonces verdaderos seres humanos con sed
de infinito.
Lo que muchos llaman
“amor”, en realidad no es más que una larga lista de posesiones y de actos
mezquinos propios y ajenos.
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